Mother’s Day

cuestiondegustos

No me parece suficiente un día para celebrar a las madres. Lo justo sería aplaudir también todos los días a las 8:00 de la mañana o un poco más tarde si es fin de semana y dejar claro que sin ellas este mundo no tendría sentido. Y no hay que ser un visionario para darse cuenta de que el mundo en femenino funciona mejor y que los problemas más delicados solo pueden ser resueltos por mi madre, por la tuya, por nuestras madres; incluso me atrevería a decir que con el cariño de una madre los conflictos diplomáticos durarían no más de un par de horas y además se cerrarían con una deliciosa comida.

Mi madre un día decidió invitar a Trump y a Putin a comer, y después dos horas y acabar con las croquetas, se abrazaron y lloraron hombro con hombro como niños chicos. Regañó con elegancia, sin llegar a levantar la zapatilla pero dejando claro que tienes que asumir tu responsabilidad. Escuchar, reprender con sutileza y consolar… parece sencillo pero estas son “cosas de madre” y no se pueden entrenar. Incluso el “porque lo digo yo” de una madre debería considerarse imperativo legal.

Ellas son el pilar de una sociedad que cuanto más “moderna” y “progre” más necesitada está de sentido. Ellas están siempre ahí, en silencio como los árboles del bosque que sostienen la vida pero no quieren molestar, que dan sombra y cobijo cuando las cosas se ponen feas y se dejan arrasar mientras te susurran al oído “You’ll never walk alone”

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