San Isidro…bésame

cuestiondegustos

¡Feliz San Isidro! Otra fiesta más que dejaremos aparcada para poder celebrar cuando nos podamos besar. No puedo imaginarme reuniones sin besos, no besos corporativos que esos son ridículos, digo besos tiernos de agradecimiento y nostalgia. Suena a novela distópica pero poco a poco el beso se convertirá en un artículo del pasado, primero lo dejaremos aparcado por si acaso y con el tiempo lo guardaremos en los baúles junto con la ropa vieja y las bolas de alcanfor (“cantimplor” como lo llama mi mujer). Una vez arrinconado en la oscuridad y alejado de los niños curiosos pasará a la fase 1 en la que todavía permanecerá en el recuerdo de la mayoría y en los libros de historia. Con la llegada de la fase 2 el saludo cordial se hará fuerte en la reuniones y aunque todavía queden reminiscencias y podamos ver muchas “cobras” entre los grupos de amigos el saludo con el codo o el tobillo se impondré como saludo oficial.

La fase 3 y 4 serán el barbecho perfecto para poder vivir sin ellos, y la gente se acostumbrará a esa nostalgia como quien estudia con música o puede hacer punto y leer los subtítulos. Todo transcurrirá despacio, asumiremos la “nueva normalidad” y aunque un poco más frías, nuestras vidas interpretarán la felicidad de manera estoica, como nos enseñaron nuestros padres. Las familias seguiremos celebrando cada fiesta, mantendremos los saludos diplomáticos (aunque sea tu tía querida) y con suerte después de la cena cuando los niños corran desatados buscando un lugar donde esconderse encuentren un baúl olvidado, lleno de polvo y apestando a alcanfor. Bajarán las escaleras, se acercarán a la mesa donde los mayores siguen arreglando el mundo y mostrando un puñado de besos adormilados preguntarán:

– Tía ¿puedo quedarme con esto?

– Sí cariño, era de tu abuelo, ni siquiera sé cómo funciona.

Y el resto es historia.

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